En yunta con mi cigarro (y el Flaco Dany) by LRA

Intro de TangoSpain: pues es que ayer Luis publicó este texto en FB.. y desde TangoSpain nos pareció tannnn bonito que lo queremos dejar guardado (pero a mano) en la cajita de tandas bonitas de TangoSpain (porque ésta no es rebelde 🙂 ). Gracias, Luis! (allá por el 2016, Luis fue milonguero de la semana ..teníamos buen ojo! )

Miércoles, 11 de diciembre de 2019 
 
Y a los labios bien prendido, una charla con el Fer a deshoras sobre el vivir y lo vivido, después de la práctica, camino a casa, para volver sólo, silbando, en bajito es ahora el Tango, el mío al menos. Son pequeños momentos alrededor, como ver al Adri abrazar a su gato después de dos años y la segunda patria perdida mientras cebo un mate para la China que publica un recorte de una vieja foto sobre fondo negro, para el siguiente laburo por hacer. Son unas cervezas con el Rodri, una charla continua sobre el punto cero, sobre el difícil equilibrio y sobre volver a empezar, siempre, otra vez, desde abajo y caminando al filo de un abismo que amenaza con devorarnos. Son las mil puteadas por whatsapp con el amigo que está por volver, pero que todavía anda indeciso. Paseos con Riki o conversaciones sobre un vino en pequeñas tascas de Madrid por descubrir la una nueva visión sobre el Tango y sus gentes, un algo que todavía no se haya mostrado, por si existiera quizá.
 
Son mis adoradas Esther y Leire, ilusionadas con la próxima milonga, colocar sillas con ellas, cenar antes y escuchar ilusiones y desilusiones. Es ver al pendeviejo aprendiendo los códigos y a la Ceci con todos sus sueños en los ojos. Es encontrarme sin querer a mis milongueras preferidas en cualquier sitio y bailar con ellas, con ternura, como algo habitual y cómodo. También soñar con esa tanda perfecta que está por llegar y que rara vez lo hace y darte cuenta de que ya la bailaste y desapareció para siempre. Es charlar con los pibes en la milonga y comentar los sucesos de los últimos días. Descubrir una nueva canción que puede entrar en una tanda y prestar atención a la letra de un tango que pasó desapercibido durante tanto tiempo porque todavía no era el momento. Son los amigos que vienen a pinchar ilusionados a la milonga. Es Esther demostrándome que ya sabe más de tango que yo. Son los pequeños códigos no escritos. Valorar la tanda por el sentimiento y alejarse de pasos y exhibiciones, políticas y corrillos de poder.
 
El tango es ahora un nuevo artículo de Otero y saber que Paco o Iaffa están bien. Es saludar con un gesto, con una mirada y entender a otros milongueros que ya estuvieron allí antes que tú. Una amiga de Alemania que te escribe para acompañarla al encuentro al que nunca puedes ir. Es hambre para hoy y hambre para mañana, pero arte siempre. Es encontrarme a las pandillas de Barcelona o Sevilla y celebrar con ellos el encuentro. Son todos los sueños rotos, la promesa de un asado en primavera, escribir a Eva los lunes, una fiesta con John y su alegría contagiosa, echar de menos a Giu, es intentar recordar dónde me dejé los zapatos y hace cuánto tiempo, un nuevo cartel que llegue a la gente, son los amigos que vienen a verte, los proyectos que no salieron y los que terminaron: es Shusheta, Tabacalera y la Escuela Social, que ahora son arena en el desierto de las cosas que quizá ni existieron. Sigue siendo, eso sí, un abrazo cálido y largo y que cuenta más que todos los libros jamás escritos. Es la Suerte Loca de estar vivo y poder vivirlo, aún lleno de tristezas y desencuentros.
Y conocí al Flaco Dany. Vino a una de las últimas veces que musicalicé el Tropezón. No fue ese un buen fin de semana para ninguno de los que estábamos allí, pero hay que mantener el tipo, bien pulenta, altivos, elegantes, bien milongueros todos. Bailamos hasta el final con coraje y pundonor y acabamos la noche con la cabeza alta. Quizá él fuera el último gran milonguero que pisó aquello. Al terminar, un abrazo y me felicitó por la música a lo grande, entendiendo él que fue una plaza jodida aquella, me dijo el recurrente: “pinchas como un argentino”. Y claro que sí, puto, lástima que no puedas volverme a ver otra vez. Espérame igual muchos años, espéranos a todos, que todavía nos faltan algunas cosas por hacer y muchas por vivir, y, querido, que descanses en paz. Cinco años y medio de tango, cinco años y medio de amor.
 
Feliz día del Tango a todos.
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