TR – El cabeceo y cómo no perder la cabeza en el intento

Nota de TangoSpain:  Os recordamos que TangoSpain no suscribe necesariamente las opiniones expresadas en las TANDAS REBELDES y os animamos a hacernos llegar vuestra tanda rebelde (puede ser cortita)

El cabeceo y cómo no perder la cabeza en el intento

¿Es el cabeceo una herramienta equitativa con la que poder invitar por ambas partes a bailar tango mediante contacto visual y sutiles gestos?

Sí, hablo de equidad, y me explico: da la misma capacidad de decisión a ambos a la hora de bailar (léase desde los dos roles): Buscas con la mirada y si eres correspondido/da, bailas.

Paralelamente invito al lector a recibir este artículo en clave de humor, aun con situaciones reales. Sólo busco poner consciencia en lo que hacemos y darnos la oportunidad de explorar y desarrollar nuestra comunicación tanguera.

Comparación invitación verbal vs cabeceo

Este tema daría para escribir un libro entero. Sólo voy a citar algunos puntos relevantes:

Pros de la invitación verbal:

– Dirigirte a la persona tiene la parte positiva de que te asegura que la persona con la que quieres bailar, recibe el mensaje de que quieres bailar con él/ella.

Contras de la invitación verbal:

– Enlazando con su parte positiva, ya que es su consecuencia, la persona preguntada se ve en una situación en la que se le demanda bailar a veces sin mucho margen de maniobra.
– También se dan sin querer casos donde en ese ánimo de buscarlo/la para invitarlo/la, ser perseguida/do por la pista durante toda la noche. Con la incomodidad que genera para ambos lados.
– Otra situación puede ser la invitación en la cortina, previo a la tanda. También la he hecho alguna vez. Pero me hizo recapacitar. No sabes qué va a sonar y no le das a la otra persona la opción de escoger también. Es como ir a un restaurante y pedir menú sin saber lo que hay. Y lo que es peor, obligar a tu pareja a comerlo también.
– Reservar tandas (esa situación en la que te piden antes o durante la milonga que te guarden una tanda). También aquí he estado, en ese ánimo de querer mostrar mi interés en bailar con ella, pero reconozco que a veces luego no se da, por lo que sea, situaciones milongueras. Mi opinión es que las cosas hay que hacerlas en el momento, cuando se presentan. Y no guardar “cosas” para después. Si se da, se da, sino se da, es lo que hay.
– Cierta invasión del espacio de la persona invitada. A veces, no nos damos cuenta de que está hablando con otra persona y tal vez incluso prefiere no bailar, pero nos metemos verbalmente en medio.

Pros del cabeceo:

– Es sutil. Un cabeceo puede mostrar claramente que alguien no quiera o pueda por diversa índole bailar contigo en ese momento, y que no se entere nadie. Evita la difícil tarea en la que ponemos al invitado/da en algunos casos de decir “no” a la cara. O el posterior malestar que pueda surgir por un rechazo público.

Contras del cabeceo:

– Al ser en la distancia hay más riesgo de que la persona que te correspondió el cabeceo no fuera la buscada. O que sí te vio, pero no sabes seguro si respondió que sí o que no. Sí, habrá confusiones. Hay que asumir que esto ocurre y puede haber mucho motivos. Desde un: ese no es el mejor momento o tanda, a que desde lejos no ve tan bien. Para minimizar situaciones graciosas/embarazosas, se suele recomendar que el/la que invitó vaya discretamente a buscar al invitado hasta su lugar. Y aceptar que a veces hay malentendidos. Como la vida misma.
– Para los tímidos puede resultar en una gran variedad de intentos no fructíferos de bailar (véase la lista más abajo).

Sí quiero destacar que entiendo situaciones en las que es útil recurrir a sacar dirigiéndote verbalmente a la persona:
– Cuando quieres bailar algún tema y tienes bastante certeza que la persona a la que vas a invitar así también tiene interés en bailarlo, y contigo es una opción. Por lo que sobre todo si es un tema en particular, no hay necesidad de perder tiempo en tratar de encontraros con las miradas.
– Cuando la persona con la que quieres bailar no está haciendo uso del cabeceo, pero más por desconocimiento o por no haberlo practicado lo suficiente como para sentirse cómodo/a. Es decir, hablarle es la única opción de conseguir que baile.

Situaciones en las que sacar mediante el cabeceo:
– El resto. Sólo estar atentos a los que nos rodean.. ¿Muestran que quieren bailar o no?

Ante la infinitud de variables al acercarse a otra persona, toda propuesta es buena si la enfocamos desde el respeto y la aceptación del libre albedrío del que tenemos enfrente.

La lista de variantes de cabeceo

Ya que el cabeceo es una técnica que requiere práctica y habilidad, se muestran diferentes tipos vividos (no lo digo orgullosamente, pero a posteriori me hacen gracia algunas veces estos intentos). Hay bastantes cosas serias en la vida como para perderse el lado cómico de estas situaciones. Esta lista no sería tan extensa sin la aportación de muchos amigos y de la lista que circuló hace tiempo:

– El cabeceo de película de terror (o Creepyceo): Avanzando disimuladamente por un costado o por la espalda para buscar el cabeceo.
– La charla pre-cabeceo (chateceo): Conversando como preámbulo verbal al cabeceo.
– El cabeceo compartiendo mesa: cuando se busca cabecear a la persona con la que estás compartiendo lugar.
– El cabeceo con los dos bien puestos (o Crotcheceo): Plantarte delante de la persona (sentada) que quieras cabecear. Tiene riesgo de acabar recurriendo a la invitación verbal.
– El cabeceo a la orden (commandeceo): El cabeceo mediante ofrecerle tu mano al invitado/a. Este roza la invitación verbal al dejar al invitado/a en la misma situación.
– El Bar-eceo (o snackeceo): estar en la barra del bar u otro lugar que cumpla las funciones de, como excusa para cabecear.
– El acompañamiento: sentarte junto a la persona que quieres cabecear, para que te sea rápido conseguir un cabeceo sin que lo/la inviten desde la distancia. Es más sutil, pero tiene riesgo de acabar pidiendo el baile verbalmente.
– El Bisbal (o el Rocío Jurado, por darle doble género): cuando mediante algún movimiento o giro de alguna parte del cuerpo o el cuerpo entero, buscas la atención de la persona que quieres cabecear.
– El Femme Fatale (o “Cabecéame“): ubicado en el rol del invitado a bailar, dícese de aquel/la que mira con ojos de “sácame, no te vas a arrepentir”. Del otro lado nos encontraríamos el “James Bond” con similares características.
– El huidizo: cuando buscas cabecear a alguien y en el momento que consigues el contacto visual, retiras la mirada. A veces echando valor en volver a mirar, se puede recuperar el cabeceo.
– El cabeceo a objetos (o Avestruzeo): el/la que buscando cabecear termina antes mirando la pista, los zapatos, los manteles o incluso bajo la tierra con tal de no mirar a los ojos a alguien.
– El lo-hago-yo-por-ti: el/la que quiere sacarte no sabe cómo o no se arma del valor suficiente para hacerlo, pero es muy obvio. Este “cabeceo” suele acabar invitando verbalmente y aún así el/la susodicho/a se sigue preguntando si es él/ella.
– El sirucato/a: cuando queremos bailar y cabeceamos a todo lo que se mueve.
– El segundo plato y postre: cierta similitud con el anterior. Buscando bailar a toda costa, se cabecea a todas las personas de alrededor de la primera persona cabeceada.
– El cabeceo interceptado: interceptando cabeceos no dirigidos a ti, sino a otras personas.
– La estatua: aquel/aquella que queriendo bailar no realiza el más mínimo movimiento corporal u ocular en su ánimo de conseguir bailar esa tanda. Esta técnica requiere ser cabeceado, es decir, que el cabeceo venga a ti porque uno no hace activamente porque ocurra.
– El observador (Observerceo o Stalkerceo): cuando el cabeceo se busca en una única persona, sin descanso. Tiene el riesgo de interpretarse como El Cazador.
– El cazador (o Hunterceo): tiene las mismas características que el anterior. Se convierte en un cabeceo cazador cuando la persona cabeceada se siente de algún modo atacada.
– El rastrero: se da más en el rol que invita a bailar, el que pasea rodeando todos los espacios posibles, buscando encontrar una mirada a la que cabecear.

Insisto en que este listado sólo trata de ponerle luz de un modo entretenido a cómo nos manejamos y sus muchas variantes (no hay una manera única y válida de hacerlo). Soy el primero que he vivido gran parte de ellos, y seguiré perpetrando en mi búsqueda/aprendizaje del cabeceo. Si va a ocurrir igual, mejor tomárselo con humor y explorar qué ocurre, ¿no?

Es natural y está en nosotros desear, y también está de nuestro lado aprender a aceptar y cómo recibimos y decidimos actuar con lo que nos ocurra. En una milonga, es casi imposible cumplir todos los deseos que surgen y más justo cuando los deseas. El que diga lo contrario se está auto-engañando o a la defensiva, seamos honestos.

Busquemos paridad: sacar a bailar verbalmente es una demanda. El cabeceo es una invitación.

Si, tras leer esta tanda, te sintieras ofendido (entendemos que no, pero por si acaso…), te pedimos disculpas. Por favor, escríbenos a info@tangospain.com si quieres que eliminemos algún contenido. Gracias!

TR por: Fernando Manzanera

Fuente de la ilustración: https://www.latangoacademy.com/blog/2015/8/18/tango-etiquette-on-the-dance-floor

Otras fuentes: parte del listado sobre tipos de cabeceo proviene del artículo “From bench-warming to Dancing in thirty seconds or Less“.

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4 thoughts on “TR – El cabeceo y cómo no perder la cabeza en el intento

  1. Lo peor es cabecear con astigmatismo.

    Da igual que lleves las gafas puestas… yo mismo, a partir de 3 metros, no veo a quién estoy cabeceando ni quién me cabecea…

    He tenido muchas ocasiones de ir al encuentro y luego tener que disimular porque no era a mí 😀

  2. Muy buenos los comentarios , yo opino que si la mujer con la que deseamos bailar esta cerca no esta mal hablarle , me parece desleal para los otros bailarines sacar en la mesa , cabecear no es un acto discreto , tenemos que dejar claro que queremos bailar con esa mujer, en Buenos Aires no nos da ninguna verguenza que los demas vean que no quiere bailar con uno. Bueno les dejo a todos un saludo milonguero.

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