TR – ¿Todo apesta?

Nota de TangoSpain:  Os recordamos que TangoSpain no suscribe necesariamente las opiniones expresadas en las TANDAS REBELDES y os animamos a hacernos llegar vuestra tanda rebelde (puede ser cortita)

¿Todo apesta?

Sí. Es así. Todo apesta. Da igual con quién hables. Siempre hay algo relacionado con el ambiente tanguero en Madrid que apesta. Exceso de seguidoras, carencia de líderes, los “buenos” bailarines escasean, demasiados eventos y pocos asistentes, la gente no se abre, los megagüinchis, elfos, divos (o como se les quiera llamar) que siempre bailan entre ellos, líderes que van y no bailan, seguidoras que van y planchan, profesores que defienden su derecho a bailar con quienes ellos quieran, alumnos que entienden que ese es su espacio de trabajo y deberían bailar para promocionarse y animar el cotarro…. Las normas son opresivas. Hombres que acorralan, mujeres que sólo quieren cabeceo, hombres que aleccionan sin preguntar siquiera si la opinión es bien recibida, mujeres que quieren también poder preguntar, chascarrillos machistas que hay que responder con una sonrisa, la quintaesencia de la expresión de los roles de género condicionando el comportamiento de unos y de otras. Gente que cumple, gente que se sale del tiesto, gente que critica, gente que chamuya. Los desencuentros, las negativas, las ofensas, las pasiones entrecruzadas.

Yo también lo vivo. Y es cierto que todas esas cosas están ahí, subyacen, y en ocasiones afectan más y otras veces menos. ¿Pero es el tango en Madrid lo que apesta? ¿Seguro? ¿No seremos nosotros, los que lo practicamos, los que lo convertimos en algo apestoso?

El tango, que no deja de ser un baile social, es producto, en definitiva, de la gente que lo practica. Pues bien, queridos milongueros: toca un poquito de autocrítica. Partiendo de la premisa de que apesta, para muchos y en muchas ocasiones, propongo un reto: ¿qué podemos hacer personalmente para mejorarlo?

Para poder disfrutar de una ambiente tanguero saludable:

1.- No pidas a nadie lo que tú no eres capaz de ofrecer:

● ¿Cuántas veces has ido a la milonga deseando bailar con alguien que tiene más conocimientos técnicos que tú? Supongo que muchas. Bueno, pues si ya gozas de ciertos conocimientos y bailas alguna tanda con gente que sabe menos estás sirviendo como aliciente para que esa persona quiera seguir aprendiendo y bailando. Esto también aplica entre los profesionales.

● ¿Cuántas veces has bailado con alguien cuya postura te ha resultado molesta?
Revisa constantemente tu postura a la hora de bailar y trata de encontrar el mejor abrazo con cada una de las personas con las que vayas a bailar. Si todos lo hacemos creo que la experiencia de todos mejorará. También considero que se
puede hablar del tema. Si haces algún comentario hazlo desde el respeto. Si te comentan algo tómatelo por el lado constructivo.

● ¿Cuántas veces has bailado con alguien y no te agradaba su olor? Este punto es imprescindible: si todos cuidamos nuestra higiene mejor para todos.

2.- Céntrate en las experiencias y no en la competencia.

Soy consciente de que esta es una opinión muy particular y minoritaria pero creo que sería preferible eliminar el carácter
competitivo entre las seguidoras en la milonga. Centrarnos más en las experiencias humanas y de baile y menos en el hecho de lograr bailar por encima de cualquier cosa. El exceso de seguidoras termina convirtiendo la milonga en una suerte de campo de batalla donde además del baile entran en juego otra multitud de factores a la hora bailar o planchar.

Me parece que cada quien está en su perfecto derecho de elegir su indumentaria a la hora de ir a la milonga. Pero no hay que olvidar que explotar cuestiones como la juventud o la belleza para bailar más no hacen más que alimentar el machismo imperante y el desequilibrio de oportunidades que dentro de la milonga se produce. Si una se viste despampanante porque está que la parte, hurra por ella. Pero también reivindico el derecho de cualquiera a bailar tal y como se sienta cómodo. He hecho el experimento en carne propia: gran escote vs. indumentaria rutinaria. Y es innegable: el gran escote hace aumentar la visibilidad, pero claro, a qué precio.

Hace ya muchos años un día me miré a mí misma sentada en una silla de la milonga, con el uniforme tanguero, el moño, el maquillaje, las medias de rejilla y sonrisa de superdisposición y pensé: ¿pero esa quién es? Por eso el uniforme tanguero como opción bien, como obligación no. Y en cuanto a los líderes que sacan a seguidoras preferiblemente “guapas” que repasen el primer punto. Y por cierto, yo no voy a bailar con gente guapa, voy a bailar con personas ¿y vosotros? También el bailar los dos roles y practicar más tango queer podría modificar las cosas, pero eso es harina de otro costal.

3.- ¿Sacas a bailar de la misma forma que te gustaría ser sacado? ¿Sales a bailar con las mismas ganas que te gustaría que el otro tuviera si hubieras sacado tú?

Sacar y ser sacado: expectativas y negativas. Uno de los temas que más emponzoñan con diferencia. Se supone que el cabeceo es el no va más de las normas milongueras para que nadie se sienta violento en la milonga. No me voy a poner aquí a describir el método que seguro que otros lo pueden explicar mucho mejor que yo. La cuestión es que en Madrid no mucha gente cabecea. Y tampoco tengo yo claro que sea la solución a todos los males. Pero igual me convencéis, qué sé yo. Los hombres/líderes tienden a acorralar: se ponen frente a una mujer, lanzan la mano y las mujeres tienen poca opción a negarse. Las mujeres/seguidoras, por su parte, tienden a decir que sí por defecto porque hay pocos bailarines que lleven.

Y mientras que se sigue tolerando que un hombre se ponga frente a una mujer y la saque a bailar, está en general bastante mal visto que una mujer emplee la misma técnica. Pues bien, milongueros de Madrid, debatamos la cuestión pero esto hay que arreglarlo. Y dejemos una cosa clara: que nos digan que no, a unos o a otros, no es ningún tipo de ofensa. Y cuando alguien os diga que no tened bien presente una cosa: esa tanda no la vais a bailar con esa persona, pero esa persona tampoco la va a bailar con vosotros y tal vez os estéis perdiendo ambos un agradable momento, o no. Pero al no bailar eso nunca lo vais a poder comprobar. Luego se trata sencillamente de una experiencia no vivida: ningún drama, ninguna ofensa, ningún motivo de venganza ni de vergüenza. Que de verdad, a veces os ponéis de un dramático 😉

Creo que hay más cosas que se pueden hacer, pero de momento ¿estas qué os parecen?

Soy toda ojos y oídos. Deseando leer y escuchar vuestras propuestas, respuestas y opiniones. Y os pregunto porque el tango, en definitiva, exige cooperación, ¿no?

María Robles

NOTA: esta Tanda Rebelde tuvo su réplica: Tanda Réplica a ¿Todo apesta?

Si, tras leer esta tanda, te sintieras ofendido (entendemos que no, pero por si acaso…), te pedimos disculpas. Por favor, escríbenos a info@tangospain.com si quieres que eliminemos algún contenido. Gracias!

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25 thoughts on “TR – ¿Todo apesta?

  1. Lo que mas apesta es ignorar a algunas Milongas por que si! Y lo peor influir en los amigotes para que hagan lo mismo! En esa milonga hay solo vejetes, ese es un gallinero, el organizador es un impresentable, el lugar es pequeño, la musica es mala, todas esta opiniones muchas veces falsas para joder a tal Milonga! Siempre me he preguntado por que los amigos de fulanit@ nunca pisan mi milonga y actuan con hostilidad siendo que no los conozco de nada. Es como en el patio del cole!
    Bueno Maria cuando te veo por alguna de mis Milongas o prácticas? Que lo tienes fácil! Lunes, Martes, Sábado o Domingo? O dime tú que dia puedes y te monto una milonga. Jijijij

    1. Maurice, no sé qué especie de complot extraño imaginas en tu cabeza, y ya siento que sea así. A mí nadie me ha dicho jamás que tus milongas sean malas. De hecho, si no recuerdo mal tu eras parte de la Covacha y sabes que iba todos los días sin excepción. Yo no voy a tus milongas porque casualmente esos días no milongueo. Además date cuenta de que tú propones un espacio y la gente elige libremente donde ir. Si observas que hay gente que no quiere ir a tus milongas deja de imaginar teorías conspiranoicas y piensa que igual la hostilidad que denuncias está simplemente en ti. Al final la explicación más sencilla suele ser la más probable. Que, perdona que te lo diga, pero con estas salidas de tono demuestras tener menos onda que un renglón. Un saludo y mucha suerte con tus iniciativas.

      1. La invitación esta hecha! mucha alegría me dará el verte algun día en algo que organicé yo.
        P.D. No ne referia a tí que si es verdad venias a La Covacha todos los lunes si no mas bien al fulano ese!

      2. Bueno a mi si me hacen esos comentarios de algunas Milongas y aunque los escucho (aunque me apesta esos comentarios) no dejo de ir y hacerme yo mismo una opinión sobre el lugar. La invitación esta hecha! mucha alegría me dará el verte algun día en algo que organicé yo.
        P.D. No ne referia a tí que si es verdad venias a La Covacha todos los lunes hasta que paso a llamarse el Bulín y te salieron problemas para ir. Bueno todos sabemos que esto pasa no tanto por mis milongas si no especialmente por otras! No solo tú tienes una visión prodigiosa para ver lo que apesta! 🙂
        Saludos

  2. Muy bueno Maria!
    Te cuento que en Mendoza – Argentina pasa lo mismo y para colmo de males, el intercambio de roles es casi una utopia. Por supuesto las mujeres vamos agitando un poco las aguas porque nadie va a la milonga a planchar.
    Tarde muchos años en mostrar que intercambiar roles no esta asociado a otras elecciones, lento pero seguro, vamos mejorando el baile.
    Un gusto leerte.
    Si voy a Madrid, ¿puedo pedirte reseñas de las milongas?
    Si venis a Mendoza, yo te cuento para que elijas.

    1. Genial, Tana! Qué bueno leerte desde tan lejos! Ojalá algún día podamos coincidir las cosas pueden cambiar… Depende de lo que todos aportemos! Ánimo por allá!

  3. En mi opinión, hay un grueso de la comunidad tanguera, que se creen los verdaderos dueños y herederos del tango….y eso que nació en un ambiente marginal de putas e inmigrantes, que tan alejado queda del conjunto de pij@s conservadores o conservadores a secas, que defienden a capa y espada el “verdadero tango”, su código, la vestimenta que hay que llevar, quien tiene que bailar que rol, etc… y que ven cualquier otra opción, como algo que no es tango de verdad.

    Ese es el ambiente de tango que tanto apesta y que tan poco tiene que ver con el baile, la música y la milonga que tanto nos fascina a todas y todos, y que sigue tan vivo después de tanto tiempo.

    No soy yo quien va a cambiar la mentalidad de dinosaurio de la gente, eso es imposible, pero si soy quien no va a contribuir económicamente con milongas y festivales de mira estrecha, y quien si va a contribuir a la creación de nuevos espacios. Espacios abiertos, quizás marginales como en sus comienzos, pero al menos inclusivos, no patriarcales, no machistas, no clasistas, y desde luego quien va a intentar compartir con cualquiera, tremendo patrimonio de la humanidad. Como ya cantaba Alberto Castillo en los 40…”El tango es el tango… si tiene milonga
    no importa que sea de ayer o de hoy…”

      1. Te entiendo perfectamente porque tras el bailongo me quedé con la misma amarga sensación de que no hay había manera de cambiar nada. Pero creo que todos los que participamos de una actividad dejamos un poco de nosotros en ella. En ocasiones el ambiente tanguero parece estar sumergido en formol. Pero creo que hay mucho margen de transformación y en realidad hay mucha gente que no se siente cómoda entre tanta rigidez. Mi principal reto ahora es no traicionarme a mi misma. Y por supuesto y lamentándolo mucho dejaré de frecuentar ciertos espacios. Y lo haré por principios, y lo siento porque allí va gente que son amigos y no quiero echarlos de menos… Pero bueno, hay muchos lugares donde encontrarse, muchas iniciativas diferentes. Así que lo primero es hablar, explicitar los temas para poder debatir. Porque creo que hablando y conociendo las distintas posturas podemos entendernos, conocernos, e ir cambiando entre todos para que el conjunto mejore… Igual soy una ingenua, pero creo que otra milonga es posible: más amable, más humana y más acogedora. En cualquier caso y sea como sea disfrutemos del tango y permitamos que viva y evolucione. Al final será lo que entre todos queramos que sea 😉

    1. Este artículo me parece curioso pero confuso. Porque qué es que las mujeres saquen? Qué es sacar? Cabecear? Preguntar? Todo vale? Creo que una encuesta en Madrid no estaría mal para saber qué tan receptivo es aquí el entorno ante la idea de que las mujeres saquen y cómo, y para conocer además otras cuestiones. Creo que a la hora de sacar, sea para quien sea, lo fundamental es el respeto. Una persona invita, como sea, y la otra puede contestar, desde el respeto lo que le apetezca. Por eso lo fundamental es dejar siempre ese espacio a la libertad. Para invitar, para aceptar, para rechazar. Para que lo que no se dé, bajo ningún concepto, sea el acorralamiento.

      1. Hola María. Yo veo a chicas sacar continuamente a chicos en las milongas y nadie pone mala cara y mucho menos el chico que es sacado. Creo que en realidad no está tan mal visto en Madrid.

        1. Hola, Javier! En serio? Pues yo me he tragado multitud de charlas acerca de lo inapropiada que es esa actitud pero oye, tal vez en según que ámbitos los tiempos están cambiando… La verdad es que yo veo a muuuuuuuuuuy pocas chicas que saquen. De momento

          1. Podías invitar a las mujeres que sacan a que cuenten sus experiencias.Que lo hagan de forma anónima, pero que cuenten la verdad

          2. Hola. Pues sí hay muchas chicas que sacan y nadie les da esas charlas. También es verdad que en las milongas más tradicionales ocurre menos o sólo con conocidos.
            Un saludo.

        2. Lo intenté, pero estoy al borde de asumir la cruel derrota: el tango me ha vencido.
          Pensaba yo en mi inocencia de mujer madura que se volvía loca por bailar desde que tenía dientes, aunque lo hiciera con la escoba, y de heredera del amor que su madre profesaba al tango, que bailar escuchando, sintiendo y siguiendo la belleza de la música era suficiente para ser acogido y respetado, aunque la técnica no sea perfecta y la edad ya no acompañe. Y con esa inocencia me dejé llevar a una milonga.
          Pero yo que ya digo que no soy joven ni domino el tema, tampoco admito el machismo ni profeso fe alguna en creencias de ningún tipo, todas respetables, y nunca me han gustado las imposiciones, las liturgias, los engreídos de ninguna clase ni el exceso de artificio.
          Y todo junto, en una mezcla de huevos revueltos, se me derramó en la cara la primera vez. Repetí, convencida de que era culpa mía, de que no sabía ver ni escuchar ni entender y el resultado fue aún peor.
          Grupos de gentes en mesas especiales, rodeados de un cortejo de pelotas evidentes, gentes que no saludan salvo a sus conocidos y siempre que sean grandes bailarines, que te vuelven la cara cuando un pobre individuo, individua en este caso, los mira o se acerca, aunque no sepan para qué: no hablo de fantasías, tienen nombres y apellidos y lugares donde ocurrieron los hechos.
          Muchos, me explicó un alma caritativa, son profesores. Y me preguntó yo qué mérito otorga la vida a un profesor de tango para mostrar esa soberbia y ese desprecio por los mortales que le dan de comer al fin y al cabo. Porque a la hora de vender, te venden de todo a través de personajes secundarios que te hacen llegar propuestas, talleres, simposios, etc.
          También hay algunas almas caritativas que te sacan a bailar con el objetivo de darte una lección práctica gratuita y decirte las carencias qeu te adornan y que, por supuesto, son virtudes en su caso: son una minoría de tangueros cristianos, sospecho. Otras almas con el mismo perfil te aconsejan que mires a los hombres y sonrías al terminar las tandas para que se fijen en ti y te saquen a bailar. Más almas me dijeron que no me pusiera en grupo con otras mujeres, que así nadie te invita a bailar… No les hice el menos caso, aunque les agradezco todos los consejos.
          En la sala, muchas mujeres jóvenes de cuerpo de gimnasio disfrazadas de actrices de Hollywood por lo menos, sonriendo a todo trapo y luciendo palmito mientras que los yayos las persiguen con mayor o menor suerte. Señores más jóvenes, serios como médicos diagnosticando una enfermedad grave, mirando los pies de las mujeres de la pista para seleccionar a a aquellas que fueran merecedoras de bailar una tanda con ellos.
          Algunos se permiten el lujo de dar lecciones en propia mesa, mientras sorbo de la pajita, de que no se puede hablar bailando, de que no sé qué y no sé qué más, hasta el punto de que pienso verdaderamente que estoy en una sala de despiece, en la consulta conjunta de varios catedráticos de cirugía en pleno ejercicio o peor, en una misa solemne.
          Hasta el momento, miro y observo: única habilidad y derecho que se me concede en la milonga.
          Y me pregunto cómo han hecho todos los bailarines para bailar, porque no creo que nacieran sabiendo: en alguna milonga tuvieron que inaugurarse.
          Incapaz de entender ni de aceptar, dejo de acudir a ellas y entonces, cuando me encuentro a algún conocido e incluso a algún profesor de los pocos que conozco, me lo echa en cara: tienes que ir a las milongas, no vas a aprender jamás si no practicas.
          Se me caen las lágrimas como puños y me vuelvo a casa con la bandera blanca en ristre, incapaz de entender ya nada, definitivamente vencida por el tango.

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