TR – Milongueras Truchas

Nota de TangoSpain:  Os recordamos que TangoSpain no suscribe necesariamente las opiniones expresadas en las TANDAS REBELDES y os animamos a hacernos llegar vuestra tanda rebelde (puede ser cortita)

MILONGUERAS TRUCHAS

Llevan tacones, altos y caros. También vestidos, cortos y caros. Son hermosas y jóvenes. Saben bailar, muchas de ellas, bastante bien, conocen la técnica, asisten a talleres, también a muchas de las milongas. Algunas son profesoras incluso, pero todavía no son milongueras. Algún día quizá sí, pero, y esta es mi opinión, todavía no. Falta lo más importante, una actitud.

A ver si les suena esto: “mira ese o este o aquel, bailando con esa cara tan seria, parece que se va a cagar, tanto sentimiento concentrado”. Entiendan por ese, este o aquel a un milonguero, que casualmente suele ser mayor, en edad, y hombre. Hay muchas formas de reconocerlas, pero quiero centrarme hoy en ésta, en cómo intentan imponer un cambio en la actitud milonguera, sobre todo la masculina, desde sus puntos de vista, jóvenes e inconformistas.

Ellas, profesionales, hermosas y fuertes como sólo se es antes de que la vida te quiebre en maneras inimaginables a ciertas edades, suelen conocer mundo, practicar deporte, hacer yoga, pilates, submarinismo, surf, running, zumba, cumbia, salsa, swing, blues, contact, ballet, meditación, ciclismo y así hasta el infinito. El tango es algo más en su vida, bien compartimentado, al que le dedican unas horas a la semana. Cuando llegan, lejos de intentar profundizar en él, de entender los códigos y descifrar esos hilos invisibles que lo convierten en lo que es, tratan de imponer su visión vital para modificar aquello que no les gusta sin tan siquiera preocuparse por entenderlo. Por ejemplo, al tango le falta el ambiente de la salsa, tan desenfadado y los chicos gimnastas que visten a la moda que van a swing y con los que lo pasan tan bien.

Pero yo veo a un señor, puede que argentino incluso, a medio mundo de distancia de su casa y a cuarenta años de distancia de su juventud, escuchando la música de su infancia, recordando su barrio, los amigos que ya no están y aquella mujer que le rompió el corazón para siempre. Veo la nostalgia, la tristeza, el miedo o la alegría profunda, tan profunda que sólo puede expresarse desde la seriedad. No son todos los milongueros viejos en Madrid así, sobre estos ya escribiré otro día, hay algunos que son para matarlos o mandarlos a yoga también, pero sí en esencia. El tango es algo muy serio. Yo, por mi parte, lo entiendo de forma clásica, se baila para interpretar el tango que estás escuchando y no para expresar tu yo a los cuatro vientos. La autoexpresión existe en el tango, cada día más, pero no me termina de convencer.

Así que están estas chicas, y chicos también, que las rodean y comparten sus puntos de vista con la ilusión de que algún día puedan celebrarlo juntos y desnudos en la cama, intentando imponer su yo al Tango. Me recuerdan a esos que llegaban al cine y se ponían a hablar en alto, dar gritos y hacer chistes sobre la película, preguntándose por qué la gente es tan sosa y seria. Y está bien ser feliz y ser uno mismo, pero quizá el mejor sitio para reírse o hacer chistes de judíos no sea en un cine en el que pasan la lista de Schindler. Son los mismos que se muestran serios y filosóficos, criticando a los viejunos que son esos que se ríen ante las tonterías de una película de Billy Wilder. Ellos se denominan inconformistas, otro punto de vista puede creerlos desubicados. En la vida, en el cine y en el tango, que es lo que tratamos hoy.

Por desgracia caí en una milonga el otro día, donde un grupo de ellas, todas juntas, aparecieron, me imagino después de una clase con una nueva gurú del tango. Anticipo que fui insufrible. Cuando me fui a mi casa, lo hice sin ninguna energía. Siete tandas malas seguidas es demasiado, incluso para un garufa como yo. Ese día había aprendido un adorno nuevo que todas querían practicar en la milonga, dejando a un lado música, postura, eje, momento y persona con la que estaban bailando. A todas las salió mal, pero se reían bastante, al fin y al cabo estamos allí para divertirnos y agradecían mucho el sentido del humor y la comprensión por mi parte. Si me sentía como una mierda, a quién le importa, el problema es mío. Así que os dejo esta tanda rebelde desde mi nuevo yo: César Millán, paseador de milongueras truchas

 

Si, tras leer esta tanda, te sintieras ofendido (entendemos que no, pero por si acaso…), te pedimos disculpas. Por favor, escríbenos a info@tangospain.com si quieres que eliminemos algún contenido. Gracias!

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3 thoughts on “TR – Milongueras Truchas

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